En varias ocasiones en la vida se nos ha planteado este interrogante. Así, en estos términos: lo uno o lo otro. Esto nos ha obligado a mirarlo como un dilema y a partir de allí optar por uno de ellos. Uno u otro.
Muchas veces solo podemos verlo de este modo y generalmente el contexto que nos rodea es de crisis (o así por lo menos lo vivimos). Se nos aparece como una bifurcación del camino y debemos tomar decisiones. Momentos donde es difícil conservar la calma y los tiempos nos apuran. Cuando las emociones le ganan a la razón.
A través de nuestros comportamientos afloran nuestras creencias, miedos y valores, aquello que hasta entonces estaba adormecido, oculto o simplemente disimulado o camuflado. A estos momentos a mi me gusta llamarlos los "momentos de verdad". Circunstancias donde en soledad o no, nuestra decisión deja una huella imborrable y dejamos al descubierto nuestro esquema de valores y principios. Aquellos momentos donde se confrontan los discursos, las palabras, donde se pone a prueba el decir con el hacer.
Simbólicamente es como navegar en tiempos de calmas o en tiempos de tormentas. En las calmas parece más simple preservar un clima de armonía y respeto. Tenemos tiempo para las estrategias, los discursos y las reflexiones. Pero cuando viene el mal tiempo, se despiertan los miedos, las tensiones, el caos. Donde la acción es más importante que la teoría, cuando sale a relucir lo que realmente somos y creemos. Solo unos pocos conservan la calma. Resuelven la urgencia sin perder de vista el rumbo final, la seguridad de la tripulación y la preservación del barco.
En el mundo de las organizaciones, se dedica mucho tiempo a comunicar la visión, la misión y los valores de la empresa. Se invierten esfuerzos importantes para que todos, cualquiera sea su rol, comprenda como a través de ciertos valores se alcanzaran los objetivos de largo plazo. Son los valores que forman y forjan la cultura sobre la cual se basaran las estrategias y acciones.
Pero es en los momentos de verdad donde aflora la cultura verdadera. Finalmente cultura son mensajes. Y cuando en situaciones de crisis, frente a las urgencias, hacemos, decimos y actuamos, esos serán los mensajes que quedaran inexorablemente en la memoria de todos. Estos hechos formaran parte de las historias a contar, las epopeyas, con sus héroes y episodios ejemplares, también las miserias, los villanos y los malos recuerdos.
Sin duda alguna debemos resolver y ocuparnos de nuestras urgencias considerando a ellas como coyunturales, sabiendo que las decisiones que en ellas tomemos podrán salvarnos de situaciones puntuales pero quedaran grabadas en nuestra memoria colectiva.
Lo importante es resolver lo urgente sin dejar de lado nuestros principios.
Lo importante es el fortalecimiento de nuestra cultura, aquello que tanto cuesta implantar y que tan rápido puede perderse.
Tal vez no se trate de ver lo Importante versus lo urgente como un dilema. Tal vez podamos verlo como una situación dialéctica donde la búsqueda de la síntesis nos ayude a adecuarnos a la realidad sin perder la mirada en lo sustancial.
Los momentos de verdad, son los momentos clave donde se presentan las oportunidades únicas, extraordinarias e irrepetibles para sustentar comportamientos. Aun ocupados en la urgencia, estaremos sentando las bases de nuestra fortaleza. Aquello que nos hace únicos.
Las Mejores Empresas para Trabajar saben diferenciar muy bien lo importante de lo urgente y pueden resolver las emergencias sin perder el foco en lo trascendente. Saben del esfuerzo y dedicación para ser diferentes y sostener ventajas competitivas en el tiempo. Saben que la urgencia no puede distraerlos de las cosas importantes. Por ello siguen siendo las mejores, sin perderse en el caos de la tormenta
Omar Gennari, Gerente General para Great Place to Work® Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay




